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Acerca de Mi: Memorias

Una Mexicana en Suiza

Maricela llegó a Suiza proveniente de México hace aproximadamente 8 años.

Los primeros encuentros con ella tuvieron lugar en el marco de manifestaciones interculturales dirigidas a la integración de extranjeros,” Del otro”.

Es así como la presentación de sus creaciones tuvieron un fuerte impacto en estas ocasiones.

A lo largo de los años, y de nuestros encuentros, pude descubrir la riqueza creativa de esta artista, a veces desconcertante, a veces fascinante, distinta, extranjera y al mismo tiempo muy cercana.

¿Qué se debe subrayar cuando hay que dar mis impresiones en tan pocas líneas?

Primero que nada ella emplea una gran variedad de técnicas aplicadas con diversos materiales, papel, tela, tejido, cartón, por citar aquí solamente los principales.

Estoy particularmente fascinado por sus libros “ palimpsesto” (pergaminos o escritos antiguos sobre el que se ha inscrito más de una vez, conservando relativamente restos del texto original. Palimsesto son viejos libros comprados en el mercado de chácharas, en donde las hojas son arregladas con dibujos, pintadas, pensadas, recortadas, pegadas, a través de las cuales se transparenta la impresión original, misma que se realzada, agujera, colorea y así es releído por la imagen.

Su trabajo contiene una riqueza de color, a menudo vivos y contrastantes es a la manera latinoamericana pero también calurosa. Un himno poético con colores de la vida, muy variados, un azul profundo en el cual hay un riesgo de perderse, un verde tendido de esperanza, rojos como la sangre que corre por nuestras venas.

También sus seres humanos toman colores diferentes al paso de situaciones, porque los colores de la vida los entintan. A través de su juego de color hay siempre una parte de humor, no una alegría superficial, que pasa por encima de la realidad.

Sus temas pueden ser trágicos y el sufrimiento no está callado. El sufrimiento del encierro, del odio, del desprecio, así, se traducen a veces en lagrimas negras. Pero es propia de su humor: a través de la tragedia se manifiesta lo cómico expresado de múltiples maneras: El que da al soplo de vida, a la fuerza de resistir, que anima a la danza de las elevaciones, que permite ir a hablar con las estrellas y de partir a la búsqueda de los sueños escondidos.

Este humor en medio de lo cómico y la tragedia, lo hemos podido vivir cuando Maricela creo y compartió con nosotros la fiesta mexicana de los muertos, ¡celebración colorida y feliz de una finalidad serena!

Esta tragicomedia es la condición del ser humano y también del mundo animal que ella comparte, elefantes, serpientes, tortugas o ballenas que acompañan a la figura humana, tema omnipresente en su obra. Pequeños, grandes, mujeres, hombres, niños, raramente solos, más bien en parejas o en grupo.

Lo que desconcierta es que son alargados, esqueléticos, con troncos y extremidades estiradas, un poco a la manera de Alberto Giacometti.

A menudo desnudos, reducidos a lo esencial. Una manera de expresar que la vida no permite sentarse tranquilamente y dejarse engordar.

Los humanos de Maricela están en movimiento, se entregan a actividades que son el tejido de la vida humana, caminan, comen, saltan, bailan, confían, esperan, aman, se acarician, se acogen y recogen.

La mexicana pronto nos dejará, regresará a su país con su familia y los adiós nos costaran algunas lágrimas. Nos acordaremos que esas lágrimas son tal vez gotas de humanidad.

Si veo bien, en la “gota de humanidad” hay lugar para muchos humanos, Negros y Blancos, abreviando, otros, siempre otros.

Y hay un personaje volteado de espaldas, con un sombrero puntiagudo un poco roto pero provisto de una estrella, (otra más!), con los brazos elevados como para decir adiós. ¿Esta artista esta por partir? Pero felizmente, ella nos deja una gota de humanidad…

Pierre Buhler
Dr. en Teología
Enero 2009

… y tu Maricela, tu y tus atmósferas, tu y tu generosidad, nos haces respirar el niño que llevamos dentro y que emerge a través de tu pintura.

Tu nos reenvías a eso que se esconde detrás de nuestros miedos, nuestras dudas y nuestras emociones.

En la tela, imprimes tus símbolos, nos los prestas para llegar a conocernos mejor, para comprendernos y aceptarnos.

Como un fluido, nos pasas la fuerza de tus sentimientos y de tus convicciones. Nos permites leer mensajes en los cuales, con evidencia, uno mismo se reconoce.

Haces caer todas las jerarquías, cada uno de tus personajes es un ser sensible que crece, que aprende equivocándose, una especie de acróbata que busca el equilibrio y referencias.

Cada una de tus telas nos sugiere la tolerancia, invita al respeto y a la simplicidad.

A dejar los falsos pretextos, a tener una mirada dulce sobre el otro, a su diferencia o a su condición.

Annick Weber
Periodista
Noviembre 2006